Crónica BCNegra: La herencia italiana.

Se me ha acumulado un pelín el trabajo con las crónicas éstas hipersubjetivas de BCNegra pero tengo una buena excusa: estaba disfrutando de la vida.

Ahora tocan dos italianos. Bueno, dos italianos y dos señoras estupendas y muy contentas de estar con los dos italianos. Alicia Giménez Bartlett y Maria Eugenia Ibáñez hablaron con Maurizio de Giovanni y Marco Malvaldi. Los dos son autores sobrevenidos, uno empezó a escribir porque sus amigos le inscribieron en un concurso y el relato que presentó después se convirtió en novela, el otro empezó porque necesitaba evadirse del que, según él, es el lugar más feo del hemisferio norte: el departamento de química de la Universidad de Pisa.

En el caso de Malvaldi, para huir de ese lugar tan feo, se inventó un pueblo imaginario, Pineta. El típico pueblo de la costa mediterránea “parquetematizado” en el que uno no piensa en trabajar. En su libro “La brisca del cinco” todo el pueblo participa de la investigación porque, según el autor, en Italia es casi ilegal no inmiscuirse en la vida del vecino. Esta forma de control social es el que da la conciencia social. Es como vivir en un Facebook no virtual las 24 horas del día.

El protagonista de de Giovanni, Ricciardi, tiene un don especial: oye lo que pensaban los muertos justo antes de morir. Para el autor, Ricciardi es una metáfora de la compasión. Estamos acostumbrados a ignorar el dolor de los otros, a huir, y Ricciardi no puede evitar sentir el dolor de los demás. El de Malvaldi es todo lo contrario. Es el tipo de persona con tan pocas habilidades sociales que responde a las preguntas retóricas. De hecho, abrió un bar para intentar tener una vida social con los clientes, pero los viejos del pueblo se lo ocuparon para jugar a las cartas, así que ni así. Los viejos sí son felices, han tenido vidas generosas y plenas por las que están agradecidos y ahora se limitan a disfrutar.

Malvaldi aprovecha el momento para contar como él, a sus 38 años, sigue siendo considerado una “joven promesa” y pregunta, retóricamente, cuando va a dejar de ser una promesa. Según de Giovanni, lo que está pasando en Italia ahora se parece mucho a lo que pasaba en la época en que se sitúan sus obras, los años 30. Esa época les fascina porque existían unas enormes ganas de vivir, esperanza en el futuro. La eligió por eso y porque no soporta la ciencia forense, en sus escenas del crimen todo es tocado, movido… nadie podría sacar una prueba de ahí.

He de decir que no he leído ningún libro de ninguno de los dos. También he de decir que están los dos en mi lista de lecturas pendientes, que después de esta semana es ya casi infinita. En cualquier caso, tanto Ibáñez como Giménez Bartlett sí los han leído así que hicieron preguntas atinadas. En la obra del Malvaldi hay una cierta defensa de lo tradicional y le preguntaron porqué. Se ve que es porque el autor está convencido que necesitamos vivir más en el presente y que es más fácil si tienes presente la tradición, que tiene el valor de la resistencia. Según él si algo resiste el paso del tiempo es porque algo bueno tiene que tener.

Ahora tengo un problema porque tengo anotada una respuesta de de Giovanni pero no la pregunta pero habla de la muerte. Me ha parecido que para introducir ese elemento en el discurso necesitaba una entrada suave. La cuestión es que de Giovanni ve la muerte como una gran herida social que afecta no solo al muerto, evidentemente, sino también a las personas que lo querían y también a los que le matan. Dice de Giovanni que a menudo no se respeta al muerto en la novela negra y que, en cambio, en su caso es como si Ricciardi “enfermara de amor” por cada uno de ellos (tengo que reconocer que esto me pareció muy, pero que muy italiano, prejuicios de una, supongo). Después de este punto como romántico Malvaldi salió al rescate contando que el muerto de la primera novela de de Giovanni era cantante de ópera y se llamaba igual que un profesor de canto que había tenido él. Porque fue cantante de ópera, Malvaldi, pero lo dejó por una cuestión de público, se ve que no tenía.

Para acabar y para que todos nos quedemos tranquilos Malvaldi nos aseguró que el traductor al castellano de sus libros había captado muy bien la idea y que no nos perderemos nada de nada. Se ve que habla español.

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