“Dime algo sucio” de Diego Ameixeiras

Esto va a ser complicado porque “Dime algo sucio” es más que una novela, más que unos cuentos, más que un guión de cine… En “Dime algo sucio” tienes lo mejor del acto de leer y lo mejor del acto de ver una película. Y el título es de lo más premonitorio: sucio es, pero también dulce y patético y visceral.

Diego Ameixeiras ha escrito un libro que requiere mucho trabajo del lector. No te sientas ahí y lees palabras y giras páginas hasta que llegas al final y luego cierras el libro y ya está, no, en este libro el lector tiene que currar lo suyo. Para empezar vas a leer unas cuantas páginas sin saber qué es lo que te está contando y para qué. No desesperes. Sigue leyendo aunque sea una tortura, aunque te sientas imbécil, aunque te duela. Porque este libro duele.

El libro te va a llenar la cabeza de imágenes en las que unos desconocidos hacen cosas a veces normales, a veces crueles y a veces ridículas. Te vas a querer reír pero justo cuando empieces a hacerlo te van a venir arcadas de asco, o vas a querer matar a alguien en un ataque de rabia, y justo después vas a querer llorar de desesperación. Y te vas a sentir un paseante anónimo por las calles de una ciudad que no tiene nombre porque da lo mismo que se llame Oregon que cualquier otra cosa. Vas a ver gente de edades indeterminadas, y ocupaciones varias, gente que parece normal y no lo es y gente que parece rara y tampoco lo es.

Vas a oir y ver a una cría de 15 años vivir su vida, a una mujer con el corazón roto y el alma destruida, vas a ver a un taxista haciendo de taxista y a conductores de autobús que, sin querer, pueden desgarrar vidas, vas a ver manteros desesperados, familias estructuradas, hombres que no saben que son seres humanos inmundos, y seres humanos que son inmundos y lo saben.

Cuando por fin entiendas lo que está haciendo Ameixeiras será demasiado tarde y el libro te habrá agarrado por las entrañas y no te soltará y querrás que llegue el final del libro para que te suelte, pero ni así. Cuando cierres el libro algunas de las imágenes que te habrá “regalado” se quedarán contigo unos cuantos días. Y te tendrán tan agarrado, de tan adentro, que vas a querer leer el libro otra vez para poder ver mejor, más, lo que tienes en la cabeza.

Como si fuera el lector el que pide que le digan algo sucio, este libro es todo él sucio, pero es un sucio fascinante, lleno de poesía y emociones. Las tiene todas.

Ni se te ocurra leer este libro en el metro a trocitos. Para leer “Dime algo sucio” elige una tarde, con tiempo y calma, y lo tienes que leer a pelo, sin música, sin nada, en silencio y soledad. Cuando acabes, es muy probable que necesites salir a desahogarte, vas a necesitar algo intensamente bueno y divertido para compensar el intenso dolor que te va a dejar ver este libro. También podría ser que quieras volver a leerlo inmediatamente porque sabrás que se te han escapado tres mil detalles importantes. No lo hagas. Deja que las imágenes de tu cabeza hagan su trabajo, déjalas reposar. Sal y ríete, bebe, baila, deja que te quieran. Ya lo releerás otro día, porque seguro que lo releerás.

Advertencia importante: este no es un libro para gentes sensibles. Necesitas estómago para leerlo. Ni te acerques si eres muy sensible y no sabes coger distancia porque cuando digo que “Dime algo sucio” duele, quiero decir que duele.

 

 

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