“Perro vagabundo busca a quién morder” de Julián Ibáñez

Reconozco que siempre me ha costado mucho titular. Soy más bien expansiva, así que lo de resumir algo en unas cuantas pocas palabras y que encima llame la atención y sea sugerente, no es lo mío. Por eso me maravillo ante un buen título. El del libro de Julián Ibáñez parece no tener sentido hasta que te pasas unos cuantos días intentando saber qué te quería contar.

En “Perro vagabundo busca a quién morder” la trama es lo de menos. No es que no la haya es que solo sirve para generar una atmósfera, sensaciones, imágenes. Una niña desaparece pero aparece en seguida y el policía al que le encargan el caso sigue investigando no se sabe si porque la madre de la niña le atrae o si porque le gustan los problemas. Hay gente así, busca marrones. El policía, que es de la Policía Nacional, hace trabajitos de estrangis para una agencia de detectives, en la que trabajan muchos otros policías, aunque nunca sabes cuales sí y cuales no. Además, como todo esto pasa en Bilbao, también está por ahí metido el terrorismo, la ertzaintza, los empresarios y el impuesto, etc… La trama que se esconde debajo del texto daría para un best-seller en plan americano, pero Ibáñez hace todo lo contrario.

La novela parece a ratos un monólogo interior. El narrador protagonista narra lo que le da la gana. Es evidente que en su vida lo que dices y lo que no dices es importante y el libro funciona con las mismas premisas. Hay un montón de cosas que debería contarnos que no nos cuenta. Pero da igual porque lo que cuenta lo cuenta bien. Lo hace en ese tono como “para él mismo” que crea sensaciones e imágenes. No te cuenta lo que pasa sino lo que él hace, lo que pase o no pase no es importante. El libro es un tio haciendo cosas que son muy poco racionales y te lo cuenta irracionalmente, a través de un lenguaje del pensamiento que es distinto al que se usa cuando hablamos. Lleno de figuras retóricas que usamos cuando pensamos pero que nunca decimos porque suenan a ridículo.

En la cabeza de uno se hacen asociaciones de ideas que no se expresan nunca verbalmente. Cuando pensamos, el pensamiento no es lineal, en medio de un tema se nos mete un recuerdo, y un deseo, y una intuición. Así se ha construido este libro. Es como estar en la cabeza de alguien.

Y ese alguien tiene nombre pero tienes que concentrate para descubrirlo porque en todo el libro aparece dos veces y encima el protagonista lo nombra en tercera persona. La primera vez no sabes quien es el tío del que habla, la segunda vez que lo nombra te das cuenta de que es él. Y él es un tío solitario y bastante retorcido que está de vuelta de todo y al que no parece importarle nada de nada. Alguien oscuro y nostálgico como un cielo de tormenta.

Así que como en el maridaje de vinos, lo puedes leer en un día cálido y soleado para compensar o en un día con un cielo negro y espeso, de esos que parecen que se te van a caer encima. No es un libro para leer en metros, trenes o autobuses, requiere calma y concentración porque su belleza está en el discurso y necesitas tiempo para apreciar su cadencia, su melodía.

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