“La Piedra Lunar” de Wilkie Collins

Antes de meterme de lleno en una fase Jane Austen decidí hacer una paradita en Wilkie Collins y releer por enésima vez La Piedra Lunar. Tengo que reconocer que ahora que ya sé quién es el malo releer el libro pierde una de sus grandes gracias, pero conserva muchísimas otras. La principal es Betteredge, el mayordomo, ese hombre con religión propia con un dios particular, Robinson Crusoe. La Piedra Lunar, como la Dama de Blanco, está contada por distintos narradores en forma de testimonio. Betteredge es el primero en hablar, después de la historia del diamante, y me encanta su inocencia y su sentido del humor. Siempre que aparece él, como narrador o como simple personaje, sonries, todo el rato, mientras lees.

La Piedra Lunar es la historia de un diamante que fue robado por un militar inglés y que algunos indios quieren recuperar a toda costa. El diamante acaba en manos de Laura Verinder, una joven rica, el día de su cumpleaños y esas misma noche se lo roban. Laura Verinder y su primo, Franklin Blake, están enamorados, pero el robo del diamante lo va a complicar todo. Así que Blake decide investigar para conocer la verdad sobre la desaparición de La Piedra Lunar y pide a distintas personas el relato de los hechos.

Está, al inicio, un relato sobre como se sustrajo el diamante de la India. Luego llega Betteredge, con su Robinson Crusoe. Le sigue Miss Clack, que es una puritana, hipócrita y resabida que me cae mal. Luego Mr. Bruff, el abogado de la familia, un hombre recto y honesto con un peculiar sentido del humor, también. Hay otro narrador interesante que es Ezra Jennings. Cada vez que leo el libro me quedo con las ganas de saber más porque parece tener una historia personal interesante. Además, en su parte, Betteredge, como personaje, está especialmente divertido. La elección del personaje para el relato de cada parte de la historia es lo que, en parte, genera la intriga. En la época en la que escribe Collins se llevaban los narradores omniscientes, que lo sabían todo de todo el mundo, el pasado y el futuro, y además daban su opinión sobre lo que estaba sucediendo. Collins esconde información al lector, pero como lo hace a través de la elección de personajes no se nota y cuando se nota se lo perdonas.

Como todas las historias de Collins nunca sabes de verdad qué está pasando. Y aunque a partir de medio libro el autor te va preparando para el desenlace, cuando llega, te sorprende igual. Otra de las virtudes de Collins es que aunque los personajes principales son de la nobleza, de esos que se pasan el día pintando acuarelas o cazando, también aparecen personajes de otras clases sociales y con otras ocupaciones. Aquí tenemos a Rosanna Spearman, ex-ladrona rehabilitada, a Gooseberry, un chico pobre pero espavilado que trabaja a veces para Bruff, y Mr Luker, el usurero.

Como en las otras historias de Collins, aquí hay una historia de amor que es el motivo del relato. El relato surge por la necesidad de demostrar la inocencia de alguien para poder disfrutar del amor. Qué bonito. Y también como en las otras historias, el motivo del crimen es el dinero, alguien tiene deudas, necesita dinero para cubrirlas y delinque para conseguirlo.

Las particularidad de Piedra lunar es que muestra la visión que se tenía en la Inglaterra de mediados del siglo XIX sobre la India y los indios.

Los libros de Wilkie Collins son un entretenimiento interesante. Hay una trama bien construida, hay unos personajes peculiares y bien dibujados, y hay la crítica social que era posible hacer en esa época. Leídos ahora son un divertimento interesante. Piedra lunar me ha divertido y me ha relajado después de la tortura psicológica de los últimos libros leídos.

Este libros es para todos los días del año, para cualquier lugar y circunstancia, pero especialmente para cuando se necesitan unas vacaciones de la propia vida. Irse de vacaciones al campo inglés a mediados del XIX es muy entretenido.

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