“La mano del muerto” de Antonio Padilla

El sábado pasado, 16 de junio, se presentó en la librería Negra y Criminal el primer libro del traductor Antonio Padilla, La mano del muerto, editado por Libros de la Vorágine. No pude asistir a la presentación pero leí el libro, porque es un primer libro y es de una editorial pequeña.
La mano del muerto parece un libro antiguo, suena a libro de los años 70. La acción se desarrolla en los años 60 y es contada desde la actualidad por un narrador protagonista. Hay dos tramas, una en Barcelona y otra en el Congo, que se alternan en la narración. El protagonista es un activista político en la clandestinidad en Barcelona y un mercenario en el Congo.

Es un libro de aventuras de los de antes. Podría ser un thriller y podría ser novela negra, pero no es ni una cosa ni otra. Tiene cosas muy buenas, como la documentación, y cosas no tan buenas, como el tono del narrador y el lenguaje que usan algunos personajes.

A través de una documentación exhaustiva conocemos como se vivía en la clandestinidad política en la Barcelona de principios de los años 60 y porqué y cómo se organizaban los actos delictivos que algunos grupos realizaban para poder seguir con su actividad. También conocemos qué pasó en la zona centroafricana tanto a nivel político como social en esa época y el papel que los mercenarios han jugado siempre en los conflictos del continente africano.

Pero todo esto está contado en el tono viejuno que usa el narrador y todos los personajes hablan como él, hasta los africanos. Para diferenciar el discurso se usan palabras en distintas lenguas en los diálogos pero no es suficiente para mostrar la personalidad de los personajes a través de su forma de hablar.

Es una novela de tíos. Salen muy pocas mujeres: la chica guapa, la madre del protagonista, y una bruja. Y solo la chica guapa tiene algun peso, la madre y la bruja se nombra pero no participan. Eso no es ni bueno ni malo, solo es así.

Esta novela me ha hecho pensar en mi padre. Es el tipo de libro que él leía y que yo acababa leyendo cuando ya me había leído los que mi madre me compraba y tenía que “robarle” uno. Es como los libros que leía de madrugada bajo las sábanas con una linterna para que no me pillaran y para no despertar a mis hermanas que dormían conmigo. Es como los libros de mi clandestinidad lectora de cuando era preadolescente.

Volver a mi infancia me ha hecho bien, así que aunque no sea el mejor libro del mundo, le he cogido cariño. Es libro de playa, de verano, para leer rápido sin pensar, bebiendo algo ligero y fresquito. Salen muertos y asesinatos y muchas armas y cuerpos quemados y destrozados y eso, pero en el contexto y como te lo cuentan son muertos que no duelen, aunque deberían.

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