Llegar a ser

¿Somos lo que somos porque alguien nos ve? Es lo del ruido del árbol que cae en un bosque, si nadie lo oye, hace ruido? Pues con las personas, lo mismo. Si nadie nos ve, ¿existimos? Yo creo que no del todo. Los otros, esas personas que pueblan el mundo fuera de nuestra piel, nos ayudan a existir. Por eso, es tan importante elegir bien de quien te rodeas.

Hay una parte esencial de uno que nace con él. Una persona nace conteniendo la esencia, no de lo que es sino de lo que puede llegar a ser. Esa esencia se va modificando, puliendo, agrandando, diversificando… por contraste, por contraposición, por comparación.

Cuando eres niño, tu ves gente a tu alrededor haciendo cosas y para aprender imitas, repites. Haces todo lo que ves hacer. También dices todo lo que oyes decir. Ahí empieza tu construcción. Después, no hay un tiempo exacto para eso, cada cual empieza cuando puede o quiere, aprendes por contraste. Haces exactamente lo contrario de lo que ves hacer y dices lo contrario de lo que oyes decir. Eso es la adolescencia, que es dura de cojones.

Cómo uno vive la adolescencia es muy importante para el resto de su vida. En la adolescencia pasa una cosa muy rara. Por un lado, necesitas un grupo. Necesitas sentirte parte de algo más grande que tú, porque ya has empezado a sentir, todavía no sabes, que sólo no eres nadie, no existes del todo. Pero por otro lado, también necesitas ser único, ser distinto, destacar del rebaño. La adolescencia es un período muy duro de la vida y necesitas toda la fuerza del mundo, y más, para salir victorioso de eso. De hecho, hay un montón de gente que no es que no salieran victoriosos de ella, es que jamás salieron. ¡La de treintañeros adolescentes que hay por el mundo! Bien, la cosa es que como necesitas toda la fuerza del mundo y más para sobrevivir a la adolescencia te pones en plan yo más, lo que sea, pero yo más.

De la lucha entre formar parte del grupo y el yo más, va a salir el adulto que vas a ser. Por eso es importante de qué gente te rodeas. Eso que las madres del mundo dicen a partir de los 13: cuidado con las malas compañías. El concepto mala compañía es difícil de comprender para un adolescente. A esa edad, cualquier concepto es difícil de comprender. No comprendes, solo absorves. Te vas metiendo cosas dentro para luego, al pasar los años, descubrir el significado, el motivo, de eso que llevas dentro. A partir de los 30 o así, pasa a menudo que sientes como que has tenido una revelación porque, de repente, cosas que tenías en tu cabeza tienen sentido.

Pero vayamos por partes, estábamos en la lucha entre el formar parte de un grupo y el yo más. Hay dos resultados básicos de esa lucha, con un montón de gradaciones en medio, sí, pero dos de básicos. Si gana el yo más, te conviertes en un solitario, si gana el formar parte del grupo te diluyes en la masa y corres el peligro de perder la esencia esa de lo que puedes llegar a ser.

Los 20 son años divertidos. Durante un tiempo crees que ya eres lo que vas a ser y disfrutas de la vida. Superada la adolescencia, durante un tiempo, todo parece fácil y divertido. Porque, iluso, crees que a partir de los 20 ya eres un adulto. Crees que ya está, que el momento ese que esperabas cuando eras pequeño y decías eso de cuando sea mayor haré esto o lo otro o lo de más allá, ya ha llegado. Y no, pero te va a costar un poquito darte cuenta. Entre los 28 y los 32 te das cuenta de que algo no va bien, porque la cagas mucho y no debería ser así, porque, claro, tu ya eres adulto y los adultos saben lo que quieren y adonde van y todas esas cosas y tu por dentro ni sabes lo que quieres ni adonde vas ni nada de nada. A esa sensación de angustia vital se le llama la crisis de los 30.

A mi me llegó a los 29. Una semana antes de cumplir los 29 empecé a llorar y no dejé de llorar hasta el dia después de mi cumpleaños, en que pensé, de perdidos al río, que le vas a hacer, tienes 30. Me pasé un año diciendo que tenía 30 sin tenerlos, como para acostumbrarme. Por eso, el dia de mi 30 cumpleaños monté una fiesta del copón.

A mi me gustaron los 30, me gustan, que todavía los tengo, no por mucho más, pero todavía. Los 30 están bien, porque la sigues cagando mucho, pero ahora ya sabes que no la vas a dejar de cagar nunca, que nunca sabrás del todo ni qué quieres, ni adonde vas ni nada de nada. Y ya no te sientes mal por eso. Lo aceptas, con resignación, sí, pero lo aceptas.

Y aquí es donde el resultado de la lucha esa adolescente entre el grupo y el yo es importante. Si tuviste la suerte de quedarte en la parte del medio de los dos resultados posibles, vas a ser feliz, vas a estar satisfecho con tu vida, todo va a fluir con naturalidad. Pero si te fuiste a cualquiera de los extremos, vas a tener un curro de cojones.

A partir de los 30 te das cuenta de que no hay negro o blanco, es todo bastante gris. Si acabaste en el extremo de la soledad vas a descubrir que solo no se puede, si acabaste en el extremo de formar parte del rebaño vas a descubrir que así tampoco se puede. Y vas a pulir y pulir y pulir y pulir hasta que encuentres tu camino del medio.

Para cuando llegas a los 30 en tu cabeza hay una imagen bastante precisa de la persona que eres. Tu dices yo soy así o asá. Y, claro, cambiar lo que uno es da un miedo del carajo. Con un poco de suerte, en algun momento, te das cuenta de que tú no eres de ninguna manera sino que haces las cosas de una manera. Y parece una tonteria pero pensar en cambiar lo que haces en lugar de pensar en cambiar lo que eres, hace que todo sea más fácil.

Por muy solitario que seas, alguien tendrás a tu alrededor, ese alguien te conocerá, o eso creerá, y esperará cosas de ti. Esperará que sigas siendo la persona que has sido siempre. Pero tu ya sabes que no puedes seguir haciendo lo que hacías de la misma manera en qué lo hacías, así que te pones a hacer cosas distintas de maneras distintas. Los otros se sorprenden o ponen cara de susto, en el mejor de los casos. En el peor, desaparecen porque ya no encajas en su vida, que es lo que tiene cambiar la manera de hacer las cosas, que dejas de encajar con algunas personas y en algunos sitios.

Tranquilos todos, eso tiene una parte buena, que es que empiezas a encajar con otras personas y en otros sitios. Pero ese proceso duele, porque los humanos, que somos así de imbéciles, sentimos más las cosas que perdemos que las cosas que ganamos. Resulta que la felicidad que uno siento por encontrar un billete de 50 euros en la calle es más pequeña que la rabia que sentimos cuando perdemos 50 euros. Y así nos va.

La crisis de los 40 llega si no has sabido ver que lo que perdiste en ese proceso de convertirte en la persona que puedes llegar a ser es menos que lo que ganaste. Y llega también si no eres capaz de ver que eso que eres, mejor dicho, eso que haces, solo tiene sentido si lo compartes.

Y justo hoy, que no es una fecha señalada ni nada, solo es hoy, he tenido otra revelación. La persona que puedes llegar a ser no existe. Hoy, solo existe la persona que eres. Hoy, solo existe lo que haces ahora, lo que sientes, lo que ves. Si te concentras demasiado en intentar ser la persona que puedes llegar a ser no disfrutas ni vives como la que eres. Todo lo que haces persigue un algo que no existe y así no se puede vivir. Porque hoy eres más inteligente que ayer, más fuerte que ayer, más generoso, más divertido, más vulnerable, más de todo que ayer. Hoy existes, mañana no sabes lo que vas a ser ni qué va a pasar ni nada. Y lo más importante, no debería importarte tampoco.

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