El verano y “Nunca la jodas” de Jens Lapidus

Nunca la jodas de Jens LapidusTengo el blog abandonado. No he escrito una reseña en casi dos meses y eso que he leído mucho. Lo que pasa es que este verano he tenido una fase de desaparecer del mundo. He hecho vacaciones de verdad, de mi vida, y me he metido tanto, tanto, en los libros que leía que no tenía espacio para pensar y escribir sobre ellos. Era como si viviera el libro y para poder contar un libro necesitas leerlo, con atención, per solo leerlo. Pues bien, yo, este verano, he vivido libros.

Hasta que ha llegado Jens Lapidus y me ha pegado una colleja que me ha sacado de mi ensoñación. Porque uno no puede ni quiere vivir en un libro de Lapidus. Tu empiezas a leer y te metes dentro del libro y al poco rato sales por patas, acojonada.

“Nunca la jodas” contiene dentro de sí mismo todos los males del mundo. Bueno, alguno le falta, pero con los males que cuenta tienes más que suficiente:

  • Los malos tratos a mujeres
  • Las consecuencias de esos malos tratos sobre la salud mental de los hijos de las mujeres maltratadas
  • La immigración y la desubicación de los jóvenes que no son ni de aquí ni de allí
  • El racismo
  • Los mercenarios
  • Los policias un poco corruptos. (Yo creo que son los poco corruptos los que joden más al mundo. Los muy corruptos son más evidentes. La corrupción a gran escala es evidentemente mala. Las pequeñas corruptelas del día a día estan en esa tierra de nadie en la que todo depende del color del cristal y eso confunde mucho).
  • Los grupos organizados criminales.
  • Los anabolizantes y todas esas drogas para parecerse a Hulk.
  • Las peleas.
  • La ludopatía.
  • El alcoholismo.
  • La extrema derecha y los nazis.

Seguro que me olvido de algo pero es que hay tanta miseria vital en el libro de Lapidus que es normal que mi cerebro intente olvidar. Pero por díficil de creer que sea, en realidad lo peor no es de lo que habla, lo peor es como lo cuenta.

Lapidus elige a tres personajes: Mahmud, un chico de origen iraquí que trapichea para vivir y que ya no es iraquí pero nunca va a ser sueco; Niklas, un chico sueco metido a mercenario retornado con una infancia deprimente; y Thomas, un policía un poco corrupto que se debate constantemente entre el bien y el mal. Es con esas tres voces con las que te cuenta la historia. La voz narradora cambia cada vez que se mueve del uno al otro y ningua de las voces es tranquilizadora. Es un sinvivir constante. No sabes si tenerles lástima o miedo a esos tres.

Lapidus escribe callejero, sin concesiones, con violencia. Todo es violento en este libro. Lo que pasa, los personajes, el lenguaje… Todo. Y al principio te consuelas pensando que eso pasa ahí en Suecia, que aquí no. Pero luego salgo al balcón y veo a los chicos de mi barrio, sentados en el banco de enfrente de mi casa confabulando y me doy cuenta de que no van a tardar mucho en convertirse en Mahmudes, porque ellos tampoco son ni de aquí ni de allí, porque ya no son marroquies o ecuatorianos pero nunca les vamos a dejar ser de aquí tampoco. Y luego voy a tomar un café a la terracita de la plaza y veo al tipo ese con cara de ido y músculos para los que no hacen camisetas y me pregunto de dónde ha salido y qué hace con su vida y no me gustaría estar cerca cuando se le vaya la cabeza del todo. Y luego me cuentan historias de encuentros con algún policia local que vive anclado en una especie de caciquismo que hace que se crea el amo del mundo y que va jodiendo a la gente más débil por diversión. Y todo eso no pasa en Suecia, eso pasa en una pequeña ciudad de provincias.

Y es en ese momento en el que Lapidus te pega la colleja. En plan sal de tu mundo de color rosa, porque ese mundo no existe, porque el color rosa murió hace tiempo y, lo peor, no va a resucitar. Y entonces también te das cuenta de que ha llegado septiembre, de que se ha acabado el verano y de que el mundo es de ese color mierda que tienen las ojas de los árboles en otoño.

En fin, que “Nunca la jodas” de Lapidus sirve para enseñar una realidad que, en realidad, no querías ver pero debes ver. No es para estómagos sensibles. No lo leas si estás deprimido o triste ni tampoco si estás feliz. La verdad, no sé cual es el mejor momento para leer a Lapidus. Que cada cual haga lo que pueda. Pero hay que leerlo.

 

 

5 comentarios

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5 Respuestas a “El verano y “Nunca la jodas” de Jens Lapidus

  1. Trilogía que tengo pendiente, un día de estos tengo que ir a por ella

  2. Hola. Tienes mucha razón sobre esta novela. La violencia esta siempre presente, en las actitudes, en los comportamientos, en el lenguaje… Que diferencia existe entre esta novela y las de Maj Sjöwall y Per Wahlöö que también (y tan bien) has comentado. Se nota el cambio generacional entre estos autores, los distintos momentos históricos que vivieron y cómo lo expresan en sus obras. Mientras que el matrimonio sueco, que conserva el recuerdo de tiempos de prosperidad, aún utiliza el humor y la ironía, el joven Lápidus usa y abusa de la violencia presente en una sociedad ya desencantada. Ni más ni menos que la crispación que hoy en día percibimos también en nuestra sociedad (por la crisis económica y el pesimismo vital que normalmente lleva aparejado). Un saludo.

    • Sí, aquí también veríamos diferencias entre las novelas actuales y las escritas en los 70 y 80, en el tono y en el contenido. Y hay autores jóvenes en todas partes con esa violencia verbal y ese descanto porque lo que pasa aquí pasa también, en mayor o menor medida, en todas partes.
      Esa sensación de promesa incumplida. Esa sensación de que nos vendieron la moto.

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  4. Pingback: “Dinero fácil” de Jens Lapidus | Maite Uró

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