Manuel Vázquez Montalbán

Creo que ya he contado alguna vez que llegó un momento en mi vida, a eso de los 12 años, que mi madre no daba abasto comprando libros. A veces, se me acababan los libros para leer, los adecuados a mi edad, y tenía que coger cualquier libro que encontrara en la casa. No había muchos, pero alguno había, y alguno bueno. Fue así como leí mi primer Carvalho. No lo entendí y lo de quemar los libros me horrorizó. Por eso, no volví a leer a Carvalho hasta mucho después, ya de mayor.

Vázquez Montalbán me recuerda a mi padre. Bajito, rechoncho, con gafas, cínico, y buen comedor y bebedor. Por eso lo leí otra vez en los 20, más o menos. Ahí ya ví que la serie de Carvalho no eran novelas negras normales. Bueno, sí eran normales, pero eran muy buenas. Me hacían pensar, me enseñaban cosas que no sabía. Me dí cuenta entonces que Vázquez Montalbán era un tipo listo. Yo ya estaba en la facultad estudiando periodismo y no recuerdo qué profesor ni en qué asignatura habló de Vázquez Montalbán como periodista.

Ya tenía tres cosas por las que Vázquez Montalbán era importante para mí: se parecía a mi padre, escribía buenos libros y era un maestro de periodistas. A base de seguirle y de buscarle en las librerías y en los periódicos también descubrí su faceta de gastrónomo y luego también me dí cuenta, tardé un poco, que compartíamos una visión del mundo parecida. Nos molestaban las mismas cosas.

Así que Manolo es un tipo especial para mí. Por eso ayer me levanté a las 7 de la mañana para asistir al último día del II Congreso de la Asociación Internacional de Estudios Manuel Vázquez Montalbán. Unos amigos iban a una charla de la UOC sobre no sé qué de neurociencia y etnología y fuí en coche con ellos. Me dejaron en la UOC y tuve que bajar por la Avenida Tibidabo para llegar al transporte público. Me pareció una ironía de la vida tener que ver todos esos palacetes antes de oir hablar de Montalbán durante horas y horas. Iba bajando por la avenida pensando en él y sonriendo por dentro, porque seguro que Montalbán había escrito algo sobre esa parte de la ciudad a la que las personas como yo no van, porque para qué irían.

Hasta que no llegué a Plaza Catalunya no empecé a sentir que estaba en mi lugar. Los Ferrocarriles de la Generalitat siempre me han parecido más pijos que la Renfe, no sé por qué. Luego me metí en el metro rodeada de turistas y currantes y me sentí más a gusto. Había un chico vestido con el uniforme de Don Piso Tecnocasa (gracias Ana), ese traje gris y esa corbata verde, que iba hacía la oficina que tienen en la Barceloneta, en la plaza. Trabajan los sábados también. Íbamos al mismo sitio casi y andamos los dos en la misma dirección durante un rato, en la plaza nos despedimos sin decirnos nada.

En la biblioteca, tuve que esperarme un poco porque estaba cerrada y por un momento creí que había ido al sitio equivocado. Pero un adolescente enterado me dijo que no abrían hasta las 10 en punto, y añadió llueva o haga sol, hasta las 10 en punto nada. Así que esperé pacientemente hasta que abrieron las puertas.

Cuando llegué a la sala donde se celebraba la sesión lo primero que pensé fue qué suerte haber llegado pronto porque hay muy pocas sillas y no vamos a caber todos. Es que yo soy optimista. Luego me dí cuenta de que había pocas sillas porque vendría poca gente. Y me cabreé con el mundo en general por no prestar atención a las cosas importantes. Porque Vázquez Montalbán es importante. No era, no, es.

En la mesa se sentaron George Tyras, José Colmeiro, Francesc Salgado y Josep Saval. Yen cuanto empezaron a hablar se me pasó el cabreo, porque seríamos pocos, pero todos sabíamos lo importante que es Vázquez Montalbán. Todos los que hablaron lo hicieron desde  el cariño. Sí, ya sé que esa es una palabra muy cursi, pero es que en lo que decían todos ellos había amor por cursi que parezca. Saval, que ha escrito una biografía revisada publicada en Alrevés, contó como sigue siendo terriblemente fácil hablar con gente sobre Montalbán, todo el mundo dice que sí si quieres hablar de él. Montalbán sigue abriendo puertas. Luego habló Colmeiro, que ha escrito el Ruido y la furia publicado por Editorial Iberoamericana, con conversaciones entre él y Montalbán. Después le tocó a Salgado que es periodista y está recopilando artículos de Montalbán y estudiándolo en su faceta periodística. Y al final habló George Tyras que, entre otras cosas, ha escrito uno de los prólogos de la recopilación de Carvalhos que ha publicado Planeta, y que habló sobre todo de la época de escritura subnormal de Montalbán.

Montalbán escribió poesía, novela (con Carvalho y sin él), ensayos (sobre historia, fútbol, comida…), cuentos, artículos periodísticos. Montalbán escribió mucho y vivió mucho, aunque muriera pronto. Montalbán fue un observador y un analista genial del tiempo en el que vivió y por eso una pregunta revoloteaba constantemente sobre todos nosotros: qué diría Montalbán hoy. Y todos los que estábamos ahí creíamos que si pudierámos saberlo nos sentiríamos menos confusos.

Después de los escritores, vinieron los editores a hablar de cómo recuperar y difundir la obra de Vázquez Montalbán. Tengo que decir que no me quedé hasta el final porque necesitaba un café urgentemente. Me quedé hasta que acabó Meritxell Roda, que no es editora si no que hace teatro. Roda va por el mundo haciendo un homenaje a Montalbán con un montaje en el que participan, a parte de unos pocos actores profesionales, actores amateurs de los lugares en los que hace la intervención cultural (así lo llamaba ella). Me reí mucho con ella. Es que descubrió a Montalbán tarde y estaba como muy emocionada. Así como en plan subidón.

Luego me fuí, me tomé un café en el Bar de Paco de la plaza y después llegué a la Libreía Negra y Criminal donde, entre vino, mejillones y patatas fritas, Daniel Vázquez Sallés iba a presentar el libro que ha escrito sobre su padre. No sé qué tal estará el libro porque no lo he leído, pero la portada es la mejor portada del mundo mundial.

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Llegué y Paco, el librero, me saludó con un abrazo y dos besos sonoros, como si fuera de la familia. Montse, la librera, también me saludó como si fuera de la familia. Porque Paco y Montse saludan así, como si fueras parte de la familia, a los escritores consagrados y a los no consagrados, a los editores pequeños y a los grandes, a los clientes de toda la vida y a los que van a serlo, a los que van cada día y a los que solo van de vez en cuando. Porque como la Negra y Criminal es pequeña pues es llegar y sentirte bien, en familia. Rodeado de gente que, como tú, lee y escribe y habla de libros. Había gente que conocía y gente que me sonaba y gente que no había visto nunca, y como ya sabes que tienes algo en común con todos ellos, es fácil ponerse hablar.

Presentaron el libro brevemente y luego brindamos por la caída del régimen, de todos lo régimenes, con vermut del Jai-ca. Entre medias, hablamos de Montalbán y de libros, del mundo, y de tonterías. Nos reímos de la gente y de nosotros mismos, criticamos a los políticos y hablamos de las cabras de la Isla Perejil y los legionarios (ésta es una historia que voy a contar otro día) y de que Almodóvar o Spilberg deberían hacer una película sobre el tema. Hablamos de Sherlock Holmes, de Wilkie Collins y de Jane Austen. Hablamos de televisores de tubo catódico y de otras subversiones.

Y me compré dos libros. Porque yo lo valgo.

Luego me fuí a dar apoyo moral a una amiga que está ejerciendo de madre soltera por unos días. En realidad, no lo necesitaba, pero yo me imagino a mí misma de madre soltera y me da un patatús, y además su niña es una preciosidad con cara de pilla, que te la comerías a besos.

Llegué tarde a casa ayer, pero llegué feliz como una perdiz. Por eso Manuel Vázquez Montalbán es importante. No era, no, es. Lo metes en tu día a través de los libros, de los artículos, de una conversación o de lo que sea y eres feliz.

4 comentarios

Archivado bajo General, Llibres / Libros

4 Respuestas a “Manuel Vázquez Montalbán

  1. Me gusta lo que he leído de Vázquez Montalbán, aunque entre ello no hay nada de Carvalho, y lo que he leído de su hijo. Me gustaría mucho leer este nuevo libro, desde luego.
    En cualquier caso, no creo que su obra caiga en el olvido. Saludos.

    • Yo tampoco creo que caiga en el olvido pero creo que debería ser más leído y más apreciado en toda su dimensión. Gracias por pasarte por aquí de nuevo🙂

  2. Pingback: “Más cerveza” de Jakob Arjouni | Maite Uró

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