2014

amanecerComo vivo instalada en una necesidad permanente de trascendentalismo, a mí los fines de año me sientan fatal. Me da por reflexionar. No sé exactamente por qué alguien decidió que reflexionar era bueno. La palabra tiene un no sé qué que hace que empieces a reflexionar y te digas “Estoy reflexionando, eso es bueno” y te pones ahí reflexiona que te reflexiona y para cuando te das cuenta se te fundió el cerebro. Porque reflexionar, como casi todo en esta vida, es bueno pero con mesura. Todo con mesura.

Llevo dos semanas largas de reflexión y lo de reflexionar quita mucho tiempo y energía y de todo. Porque he leído pero reflexionaba mientras leía y se me mezclaba la reflexión con la trama y los personajes y he acabado inventándome libros nuevos, libros que nadie ha escrito, finales mejores (no por mejor escritos sino porque me ha dado por acabar las historias con finales felices en mi cabeza, aún cuando a mí nunca me gustaron los finales felices… en fín). Total que he leído pero voy a tener que releerlo todo porque ya no sé qué he leído y qué he inventado.

He reflexionado sobre todo y sobre todos y eso deprime porque las cosas malas se ven más que las cosas buenas. Para ver las cosas buenas una se tiene que concentrar mucho. Se necesita un foco de esos directos que crean un circulito de luz alrededor de las cosas importantes. Y esos focos solo están en los teatros. En la vida una se tiene que inventar los focos esos y mientras reflexionas tu cabeza está tan ocupada que no hay forma humana de crear los focos esos para las cosas buenas.

Además, para acabar de empeorar las cosas, a mí nunca me gustaron los finales. Yo soy de principios, de comienzos, de estrenos.

Para empezar algo mejor no pensar, no reflexionar, vas y lo haces y punto. Con las tripas. De perdidos al río. ¿Qué es lo peor que podría pasar? Un amigo sabio palestino siempre respondía “Maximum, maximum, we die”. Y tenía razón, como mucho nos morimos y si nos morimos ya que más da todo. Y luego decía “Yala” (no sé como se transcribe eso del árabe, pero suena así), que es algo así como ¡venga! o ¡vamos!.

Así que después de mucho reflexionar se me ha fundido el cerebro y ya solo me queda capacidad neuronal para decir con una sonrisa de oreja a oreja “Yala!” porque el 2014 no puede ser peor que el 2013, o sí, pero si sobrevivimos al 2013, sobreviviremos al 2014, con dignidad y alegría. Y esas dos cosas no son recortables.

 

 

 

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