Cosas que aprendí en 2013

El 2013 no ha sido un buen año. No lo ha sido en general y no lo ha sido para mí. Miento. Vale que en 2013 me han pasado cosas de mierda pero he aprendido unas cuantas cosas muy importantes y eso es bueno.

La primera cosa que he aprendido es “Di que sí”. Tengo un amigo que siempre pareció que no pensaba ni sentía ni nada. Durante mucho tiempo estuvo perdido en el limbo de su vida y tu lo veías hacer cosas y pensabas “se va a pegar un trastazo del copón”. Hace un poquito más de un año no sé qué le pasó pero empezó a ser distinto. Seguía pareciendo que no pensaba, ni sentía ni nada pero, de repente, cuando le veías haciendo cosas ya no pensabas que se iba a pegar un trastazo. Lo que hacía tenía sentido. Y él pasó de ser un pusilánime a tener una personalidad arrolladora. Un día nos fuímos a comer al chino. Era verano y yo le contaba mis penas y le pregunté como hacía él para ser feliz, porque, la verdad, se le veía feliz, feliz. Y el me dijo “Digo que sí, a todo, sobre todo a mí mismo”. Resulta que si el pensaba que debería hacer esto o aquello y hasta entonces la frase se parecía a “algún día debería hacer…” cambiaba el verbo y pensaba “tengo que hacer…” y se levantaba y lo hacía. Justo en ese momento, sin pensar, sin reflexionar, así, pim pam. Empecé a hacerlo con las cosas pequeñas tipo debería limpiar la casa, me levantaba y lo hacía. Y pam, de repente una cosa menos. También lo hacía cuando alguien llamaba para proponer un plan. Antes igual me daba por pensar qué pereza, o no me apetece la peli, o estoy leyendo o … cualquier cosa. Pero a partir de la comida en el chino empecé a decir que sí, sin más, sin excusas. Sí a todo. Es agotador pero te diviertes mucho más y tienes muchas menos cosas pendientes. Así que la primera cosa que aprendí en 2013 es a decir que sí.

La segunda cosa que aprendí es que mi ego se llama Nancy. El ego es un concepto complicadisimo que nos jode la vida a todos, sin excepción. Los psicólogos del mundo igual me matan pero mi ego es esa vocecita estúpida que tengo en mi cabeza que me hace hacer cosas que no quiero hacer, o que me hace sentir cosas que no quiero sentir, o que me hace pensar cosas que, directamente, me joden la vida. El ego es esa vocecita pesada que siempre quiere tener razón y está equivocada siempre. Tengo una hermana (tengo unas cuantas) pero esta hermana en particular es de las de hacer yoga y reiki y reflexología y de las que se sabe todos los chakras que tenemos con los colores que tienen. Bueno, pues mi hermana un día me debió ver muy mal porque me ordenó que fuera a ver a un amigo suyo que no sé qué terapia rara hacía que mi iría bien. Y digo me ordenó porque ni supe ni pude decir que no. Se puso así en plan “porque lo digo yo” y le hice caso. La cosa es que su amigo es un friki que habla raro. La mitad de cosas que me dijo no las entendí ni nada y además después de dos horas hablando sobre cosas que parecían ciencia ficción me hizo tumbar en una camilla y me iba poniendo piedras encima y hacia sonar diapasones de distintos tamaños. Un cuadro. Pero en la charla previa dijo algo que sí me sirvió. Me habló de la otra que habita en mí. Dicho así suena a paranoia esquizoide pero estaba hablando del ego. Me dijo que tenía que hacer callar a la otra que habita en mí. Que tenía que dejarle claro que no me interesaba lo que decía. Así que salí de ahí pensando por mis adentros cada vez que oía la vocecita esa asquerosa “La otra que habita en mí callate”. Pero me dí cuenta de que eso de “la otra que habita en mí” es demasiado largo así que decidí ponerle un nombre corto y que se correspondiera con su personalidad de mierda. Primero pensé en Barbie, pero la Barbie tiene una vida de cojones, con su piscinita, su rulote, su Ken, sus modelitos, su coche descapotable… Y mi otra es una sosa del copón así que Barbie no le pega. Y luego me vino a la cabeza Nancy, por la muñeca, que no tenía ni Ken, ni descapotable, ni rulote ni nada y era bastante muerma. Además me apareció también la otra Nancy, la Reagan, y a mi esa tipa siempre me pareció muy insulsa, muy poco interesante. Así que le puse Nancy a mi otra que habita en mí, o sea, a mi ego. Y ahora la hago callar. Si me veis por la calle diciendo “Nancy!” con cara de mala leche y así como regañando, es que estoy hablando con mi ego. Y la verdad, desde que lo abronco está mucho más tranquilo, mi ego.

La tercera cosa que he aprendido en 2013 es que está bien estar mal. Nos pasamos la vida intentando no estar mal. Cuando lloramos nos dicen y nos decimos “No llores, todo se arreglará”. Cuando estamos cabreados también nos decimos que el cabreo y la rabia son algo malo que no deberíamos sentir. Cuando nos sentimos solos hacemos cualquier cosa para dejar de sentirnos solos. Cuando estamos cansados de la vida, hacemos como que no y huimos hacia adelante, hacia ningún sitio. Cuando alguien te ve mal intenta que se te pase rápido. Dice y hace lo que sea para que se te pase. Pues bien, deberíamos dejar de hacer eso. Estar tristes, cabreados, sentirnos solos, estar cansados, es normal. Está bien. Forma parte de vivir. Nadie puede estar bien todo el rato. Todos cargamos con una mochila de mierda encima que tenemos que gestionar. Cuando todo va bien, no la sentimos tanto, la mochila de mierda que cargamos, pero cuando todo va mal es como si solo estuviera la mochila llena de mierda. Si hacemos como que no está no nos la quitaremos de encima en la vida. Así que yo he aprendido a poner nombre a lo que siento y a decir “y qué?”. Y qué si estoy triste? Y qué si siento rabia  o envidia o lo que sea. Y qué? eh? y qué? con un par, con chulería. Me digo, pues ahora voy a estar triste porque sí, porque toca, porque es lo que tengo que sentir, porque cuando sepa exactamente por qué estoy triste (y para eso necesitas un poco de tiempo porque así al instante no lo ves) voy a poder resolverlo y será un pedazo de mierda menos que voy a cargar. No sabes lo bien que te sientes cuando después de llorar todo lo que tienes que llorar, porque sí, acabas sabiendo por qué llorabas y te quitas el pedazo de mierda ese concreto de la mochila. Uno menos.

Así que en 2014 voy a decir que sí a todo, voy a hablar con Nancy tanto como sea necesario para hacerla callar y voy a dejarme a mí misma estar mal para ir quitándome pedazos de mierda de encima. Va a ser un año genial, como si lo viera.

2 comentarios

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2 Respuestas a “Cosas que aprendí en 2013

  1. Maria

    Decir que sí!!!qué buena idea!!!! Es fundamental!!!

  2. ¡Di que sí!
    Nancy, shut up!!
    Qué entrada más chula.

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