El guiri rosado

gente en la calle

Vivo en una ciudad pequeña. La llamamos ciudad por el tamaño, pero tiene mentalidad de pueblo. Aquí todos sabemos quienes somos y de donde venimos. Nos sonamos de algo todos. Tú vas por la calle y es rematadamente difícil no encontrar a alguien que sepa quien eres. Puede que no te conozca pero sabe quién eres.

Claro que siempre hay excepciones. Y a mí, que estoy acostumbrada a saber quién es todo el mundo, cuando me encuentro con alguien que no sé quién es ni de donde viene ni nada me da como un ataque de curiosidad. Ansia de saber y de conocer. Cuando vivía en una ciudad grande no me pasaba porque había tanta gente nueva siempre que queda todo más diluido, pero aquí, que total hay cinco o seis, se me enfoca la mente y es un sinvivir.

Hay un tipo en particular que me tiene desquiciada. Lo veo por todas partes. La primera vez que lo vi lo vi porque es alto, debe medir casi dos metros, tiene la piel de ese color rosado blanquezino de los guiris, el cabello gris y patillas hasta la barbilla. En Salou pasaría desapercibido pero aquí canta como una almeja.

En verano sufría mucho cuando lo veía porque el color rosa pálido se acercaba cada vez más a un rojizo gamba a la plancha. Y ahora en invierno también sufro porque no se abriga. Donde yo vivo hace frío, pero frío de verdad, no esa tontería de frío que hace en Barcelona, que eso no es frío ni es nada. Aquí hace frío de bufanda, gorro, guantes y abrigo hasta los pies. Bueno, pues mi guiri de piel rosada anda por la calle con una cazadora finita, finita y debajo una camisa de manga corta. Siempre. Que a veces me lo encuentro por los bares tomando café, solo, él, el café no sé como lo toma.

Así que en verano y en invierno veo al tipo este alto, rosado, vestido a lo mod o a lo skin head, dependiendo del día, solo por todas partes, y no sé quién es ni de dónde viene ni nada de nada. Y ¡mira que he preguntado!, porque puede que yo no sepa quien es pero no se puede vivir en mi ciudad mucho tiempo sin que alguien sepa quién eres. Pues que no, que nadie sabe nada. Que lo más que me han dicho es que es galés o escocés y que enseña inglés. Que eso ya me lo había imaginado yo por el color de la piel y eso.

Un par de días ya le he seguido un rato. Lo veo por la calle y me da por dejar de ir a donde yo iba y seguirle a él. Luego me siento ridícula y lo dejo. A veces pienso que debería decirle hola, sin más, y ver qué pasa, pero luego pienso que si el tio quisiera hablar con alguien ya lo habría hecho.

El otro día leí un artículo no sé donde sobre lo mal vista que está la soledad. Esta sociedad en la que vivimos no ve la soledad como algo positivo. Y la soledad, como todo lo demás, no es ni buena ni mala, lo bueno o malo es lo que sientes cuando estás solo. Que si tú estás bien y te sientes a gusto solo, pues la soledad es buena y si te sientes mal pues es mala. Mira qué fácil.

Así que primero pienso que el guiri rosado quizás es tímido a morir y no se atreve a hablar con gente y se siente mal cuando está solo y no es feliz y que le debería echar un cable diciéndole algo, y luego pienso que quizás el tipo es feliz solo, que quizás se ha ido de donde fuera que es para, precisamente, estar solo y no tener que hablar con nadie. Y por eso, no le digo nada. Y no decirle nada podría ser bueno, pero no, porque cada vez que decido no decirle nada se me queda una ansia aquí a la altura del plexo solar. Y por experiencia os digo que lo que se siente en el plexo solar es malo de cojones. Que se te queda ahí como un nudo y no deja pasar nada y ni comes a gusto ni respiras a gusto ni nada.

El pobre guiri rosado no lo sabe pero cada vez que le veo por la calle (y estará solo pero este tío anda mucho y por todas partes) se me queda un no sé qué dentro por no saber quién es ni nada. Y lo peor es que un día de estos se me va a acumular demasiado de ese no sé qué dentro y voy a explotar. Es lo que tiene acumular, que luego cuando te pones a hacer te sale todo como apretujado. Y si me espero mucho más a decirle hola me van a salir todas las preguntas de golpe y se me asusta, seguro.

He pensado mucho sobre lo que me pasa cuando veo gente peculiar. Porque lo que sea que me pasa a mí no le pasa a nadie que yo conozca. He llegado a la conclusión que tiene que ser porque, los otros no sé, pero éste tiene pinta de personaje perfecto. Es tan raro, desentona tanto en todas partes, que es el personaje perfecto. Ese tipo de personajes que generan cosas, que aparecen en una escena y, de repente, la escena es brillante, sorprendente, genial.

A mí lo que me pasa es que voy por la vida documentándome para un libro que no escribo. Que digo yo, que igual en el momento en el que me ponga a escribir el libro para el que me estoy documentando se me pasan las tonterias éstas del plexo solar y dejo tranquilo al pobre guiri rosado que va tan tranquilo por la vida sin saber la desazón existencial que genera.

 

2 comentarios

Archivado bajo Relatos

2 Respuestas a “El guiri rosado

  1. Posibilidades:
    -Es un prófugo de la justicia. Dale un repaso a las listas de los más buscados, Interpol, etc.
    -Una celebridad retirada. Niño prodigio de los escenarios que ha visto pasar su hora. Un Justin Bieber del futuro.
    -Un espía al que los rusos le enviaron un sobre con polonio. Lo abrió su amada.
    (…)

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