Elogio de la amabilidad

Los grandes gestos de bondad y sacrificio nos pueden convertir en héroes pero mucha gente cree que los pequeños gestos de bondad diarios nos convierten en gilipollas.

Hemos llegado a pensar que si vas por la vida con una sonrisa en los labios te tomarán por imbécil. La amabilidad está denostada. Poca gente cree que sea necesaria, pero la realidad es que es indispensable para no jodernos entre todos.

La amabilidad es como el aceite que engrasa los motores. Todo es mucho más fácil con un por favor y una sonrisa. Todo es más fácil cuando intentas no herir a las personas, cuando respetas su espacio y su tiempo, cuando no les criticas a ellos cuando en realidad solo quieres criticar lo que dicen, o lo que hacen. Todo es más fácil cuando entiendes que todos tenemos derecho a decidir qué hacemos con nuestra vida, nuestro tiempo, nuestra energía. Todo es mucho más fácil cuando dejas de querer que te den la razón a todas horas.

Y eso no te convierte en imbécil. Lo que te convierte en un imbécil es no reclamar ser tratado así. No quejarte cuando alguien te insulta o te menosprecia. Dejar pasar los pequeños malos gestos sin decir ni hacer nada. Porque reclamar con calma ser bien tratado es difícil, mucho. Y además la gente no lo entiende porque no estamos acostumbrados a eso. Especialmente con la gente que tenemos más cerca.

Nuestra familia y nuestros amigos nos quieren. Creemos que no van a desaparecer porque no seamos amables, van a seguir ahí. Y sí, siguen ahí, pero siguen ahí un poquito menos felices. Y aún así no somos amables en nuestra familia ni con nuestros amigos más cercanos. Podemos llegar a ser amables con desconocidos, pero con la gente que tenemos más cerca ni lo intentamos.

El mundo puede llegar a ser un lugar muy hostil. A todos nos pasan cosas que no podemos controlar y que son malas, malas de cojones. Por eso es tan importante sonreir a la gente, hablar con respeto, preguntar su opinión, interesarse por su vida y sus cosas, respetar su tiempo y su espacio, aceptar las críticas y criticar con tacto. Especialmente a la gente que quieres, porque con ellos los efectos beneficiosos de la amabilidad se multiplican por mil. Y un gesto amable puede cambiar una mierda de día en un instante.

Tal como están las cosas, ser amable es revolucionario. Pero más revolucionario aún es exigir amabilidad. La gracia de ser amable con el mundo es que te da la autoridad moral de reclamar al mundo que sea amable contigo. No lo va a ser la mayoría de las veces, para qué engañarnos, pero deberíamos estar hartos de que la amabilidad fuera algo excepcional. 

2 comentarios

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2 Respuestas a “Elogio de la amabilidad

  1. Cuánta razón tienes. No entiendo por qué nos cuesta tanto una cosa tan sencilla como, por ejemplo, sonreír en público. Saludos!

    • Es triste habernos acostumbrado a ir por el mundo con cara de perro. Pero un dia te levantas y empiezas a funcionar de otro modo y al siguiente día es más fácil, y al siguiente más todavía, hasta que un día tu cara normal es la de la sonrisa.

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