Cheikh

Hoy he visto a Cheikh yendo a buscar a su hija al colegio. Andaba despacio y encorvado, mirando al suelo. Me he dado cuenta de que la ropa le quedaba grande y que el cuerpo que se intuía debajo de esa ropa grande era un cuerpo flaco, sin músculo. Su hija, es una niña feliz que canta por la calle agarrada a la mano de su padre. Cheikh anda encorvado por el mundo esperando, deseando, que su hija no tenga que andar encorvada nunca.

Cheikh es un senegalés que acaba de conseguir los papeles. Hace ocho años que está aquí y justo hace un par de meses consiguió los papeles. Su mujer limpia alguna casa y hasta ahora, con los cuatro euros que le pagan, han vivido los tres.

Pero Cheikh está muy delgado, más que la última vez que lo vi. Su hija no está delgada. Y sé que Cheikh come lo justo para que su hija pueda comer lo que necesita. Y eso es muy poco justo.

Cuando conocí a Cheikh era un hombre orgulloso. Acababa de llegar después de una odisea cruzando media Africa. Y había logrado su sueño. Cheikh era un hombre fuerte, valiente y con energía. Venía para ayudar a su familia y conseguir crear la suya.

La distancia que hay entre el hombre que llegó y el hombre que he visto hoy es la imagen de la injusticia. Es la imagen de la debacle de la sociedad, de la falta de derechos y de respeto por nuestros congéneres. A Cheikh no le ha pasado la crisis, ni la mala suerte. A Cheikh lo que le ha pasado es que en este mundo no hay justicia.

Y la justicia es, según la RAE, una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Y el problema es que algunos han decidido que hay muchas cosas, demasiadas, que le corresponden solo a unos pocos, y nosotros, no estamos entre esos pocos.

El problema es que creemos que los Cheikhs del mundo nos han quitado lo que nos corresponde a nosotros, sin ver que para los poderosos, para ese uno por ciento que posee la riqueza del mundo, todos somos Cheikh, vengamos de donde vengamos.

Y mientras nos concentramos en los Cheikhs, no vemos a los ricos quitándonos lo que nos corresponde por derecho, quitándonos lo que es nuestro por el simple hecho de ser, de existir.

El problema es que hablamos de pobreza como si fuera lo contrario de la riqueza, y no. Lo contrario de la pobreza es la justicia. Si hubiera justicia, de verdad, no habría ricos como los de ahora y tampoco habría pobres como los de ahora.

Si hubiera justicia, Cheikh andaría orgulloso por el mundo, mirando al frente, valiente y con fuerza.

3 comentarios

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3 Respuestas a “Cheikh

  1. Como orgulloso me siento de leer este artículo. Excelente, y tan sencillo como cuentas: todo se reduce a una cuestión de justicia o, más bien, de ausencia de ella. Saludos!

  2. Tienes razón todos somos Cheikh y todo es un problema de justicia y dignidad, la que le niegan a él y a todos; también la que nosotros negamos

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