“El complot mongol” de Rafael Bernal

el complot mongol de rafael bernalTengo dos amigos frikis de los libros que están enamorados de Libros del Asteroide. Yo todavía no estoy enamorada de Libros del Asteroide, pero me pone, mucho. Y me pone porque no he leído ningún libro que hayan publicado que sea malo. Y no me he enamorado todavía porque tengo que reconocer que no he leído muchos. Pero va a pasar, como si lo viera, voy a seguir leyéndoles y me voy a enamorar. Una editorial que publique “El complot mongol” merece amor, mucho amor.

Ponte a leer este libro con tiempo. Porque está escrito en “mexicano” y al principio te vas a sentir un poco fuera de juego. Tu no te preocupes, que se te va a pasar. Tu lee hasta que comprendas qué está pasando y por qué. Luego si quieres descansa, pero ya te digo que no vas a querer descansar.

“El complot mongol” es novela negra, negra, negra. Es sucia y gamberra y cínica y romántica. Porque la novela negra de verdad siempre tiene un punto romántico. Un punto romántico que sale de las tripas. El romanticismo en la novela negra es oscuro y visceral pero es romanticismo igual.

Filiberto García es un pistolero a sueldo de la policía. Lo que hace mejor que nadie es matar a gente molesta con eficiencia y eficacia, sin pensar mucho, que es como se hacen bien estas cosas, supongo. La cosa es que sus jefes, directos unos y sobrevenidos y en la penumbra otros, le encargan que investigue un rumor sobre un posible ataque a los presidentes de México y Estados Unidos.

El rumor llega de Mongolia y pasa por China, llega a los rusos, quienes, extrañamente, lo comparten con los americanos que a su vez lo comparten con los mexicanos. Y pum, ya tenemos una conspiración internacional. La cosa es que en México, como en todas partes, las cosas no son nunca lo que parecen. O sí, pero a menudo no vemos lo que parecen hasta que no es demasiado tarde.

Y luego, al pobre Filiberto se le mezcla un chica china bonita por medio y ya la hemos jodido. Porque el pobre pierde el culo y uno no investiga con cabeza cuando tiene el culo perdido. El amor es malo para investigar y bueno para la conciencia. El amor te hace hacer cosas que de otra forma igual no harías. El amor te mueve el piso (esto mexicano no es pero suena bien) y con el piso movido uno no hace nada a derechas, hasta el final.

Yo no sé vosotros pero yo no tengo ni idea de cómo es y qué pasa en latinoamérica. Sé lo que me quiere contar el poder y el poder no quiere que sepa mucho. Quiere que crea que ellos, la gente de otros lugares, son los otros. El poder quiere que todos seamos los otros de todos. El poder quiere que creamos que los otros son distintos. Y lo parecen. Hablan distinto, comen distinto, beben distinto… Pero nada es lo que parece y además no vemos lo que parece hasta que es demasiado tarde.

Tarde, nos damos cuenta que esos otros sienten, padecen y, a veces, piensan como nosotros. Los que son distintos de verdad son los que mandan, porque los que obedecemos somos muy, pero que muy, parecidos, aquí y en la Conchinchina.

Filiberto García será un asesino a sueldo del poder que tiene que investigar un complot mongol, pero Filiberto es de los nuestros. Es de los míos. Obedece, hasta que ya no obedece más porque obedecer es cansado, aquí y en la Conchinchina.

Porque en México, en los años sesenta, pasa lo que pasa siempre. Que los poderosos quieren mantener o conseguir el poder a toda costa y en su ir hacia el poder los mismos de siempre se convierten en víctimas colaterales. “El complot mongol” se lee ahora mucho mejor de lo que se leyó en los sesenta. La mierda es que cada vez se leerá mejor porque la cosa no cambia, y si cambia es a peor. Seguimos igual que estábamos pero con internet y móviles. Ya está. La novela de Rafael Bernal es literatura de la buena, porque es imperecedera, porque habla de los miedos, deseos y anhelos universales y atemporales. Bernal habla de la condición humana. Y lo hace desde la experiencia y la realidad mexicanas. Con una voz distinta que acaba diciendo lo que decimos todos.

Leyendo “El complot mongol” entiendes el mundo y la vida. Y te das cuenta de que tu “nosotros” es un poquito más grande ahora, y tu “los otros” es mucho más concreto. Leed este libro, leedlo de noche, y leedlo del tirón. Y cuando acabéis de leerlo salid a ver gente, a juntaros con los vuestros. Y desobedeced antes de que sea demasiado tarde.

 

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