Privilegios

cavaEl otro día, después de una sesión de conducción de vehículo a motor particularmente estresante, fuí a un bar a beber. Estaba agotada y bastante frustrada así que pensé que mejor intentar compensar el día con una copa de vino. Llegué y cuando me pidieron que quería les contesté “¿Tienes algo para un coche que hace un ruido como de que se le va a caer el volante, dos adelantamientos en línea contínua y tres intentos de aparcamiento fallidos?”. Me dieron una copa de cava. Por si no lo sabéis, el cava es lo más mejor del mundo y sirve para lo de más arriba y también para todo lo demás.

A mí no me gusta conducir. Llegué a lo de la conducción de vehículos a motor tarde y mal. Y aunque ya no conduzco con el corazón en un puño y con cara de pánico, pero de pánico de muerte inminente, sigo haciéndolo sin placer y porque tengo que hacerlo.

La cosa es que yo estaba tomándome mi copa de cava y desahogándome contando mis peripecias con el coche. Llegué a la parte de los intentos de aparcamiento fallidos. Fue durante el tercer intento que pasó un tío andando. Por un momento, un breve instante, pensé en parar el coche, salir y pedirle al tipo que me aparcara el coche porque ya casi me saltaban las lágrimas de la tensión. Y entonces les dije a los chicos del bar “Me salió la feminista que llevo dentro y decidí que aunque me costara la vida iba a aparcar yo”.

Y ahí fue cuando sucedió. Los chicos del bar son dos soles enormes que tratan a todo el mundo con cariño. He hablado suficiente con ellos como para saber que son feministas aunque no lo sepan. Pero fue usar la palabra “feminista” y como dicen en inglés “all hell broke loose”. (Estoy exagerando un poco, así en plan licencia literaria). No pasó nada, pero sí hubo un par de quejas airadas sobre las “feministas”, dicho con tonito, ESE tonito.

El sábado estuve en una boda. En general no me gustan las bodas, pero a esta fui muy contenta y feliz porque se casaba una mujer a la que conozco desde que tengo uso de razón. De hecho, la conozco desde antes de tener uso de razón pero como no tenía ni uso ni razón no me acuerdo del antes. Bueno, la cosa es que la conozco de siempre y es una gran persona. A su chico no lo conozco tanto pero si la ha elegido a ella también tiene que ser una gran persona.

Pues estando en la boda, ya hacia el final, habiendo bebido y comido lo que no está escrito, estabámos hablando de no sé qué exactamente y uno se quejó del hecho de que él en verano tiene que ir al trabajo en traje y cobarta y en cambio las mujeres pueden ir en tirantes y con chanclas. Y yo le dije “Bueno, no te quejes, para un privilegio que tenemos las mujeres…”. Y se me quedó mirando como si no supiera de qué le hablaba y luego me dijo eso tan manido de que las cosas han cambiado mucho… Y sí, algunas cosas han cambiado, pero ni han cambiado las cosas suficientes, ni las que deberían haber cambiado, ni en la medida en que deberían haberlo hecho.

Que levanten la mano los hombres a los que en una entrevista de trabajo les hayan preguntado si estaban casados y si tenían planeado tener hijos. A mi me lo han preguntado en todas desde que tengo 20 años.

Que levanten la mano los hombres a los que un desconocido les haya tocado el culo o el pene en el metro, en la calle, en un bar… La primera vez que un desconocido me tocó las tetas tenía 13 años y venía de comprar el pan. De esa vez me acuerdo, de todas las otras no.

Que levanten la mano los hombres a los que hayan llamado frígidos o putos alguna vez en la vida. ¿Alguno? No, verdad…

La lista seria interminable, pero vamos a dejarlo aquí por hoy. Hay cosas que solo nos suceden a las mujeres, son cosas desagradables e invasivas que nos hacen sentir cuerpos en lugar de personas. Somos portadoras de bebés, somos tetas y culos en barra libre, y todo el mundo se siente en derecho a opinar sobre como vivimos nuestra sexualidad.

Ser hombre tiene unos privilegios asociados que solo las personas que no tenemos esos privilegios vemos. Porque los privilegios, es lo que tienen, son invisibles para el que los disfruta.

Así que a veces me sale la feminista que llevo dentro. De hecho, cada vez sale menos, porque la llevo permanente fuera. Y eso no es un privilegio, es una obligación.

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