3…2…1

boxing-glovesTengo tres frases escritas en post-its colgadas de un corcho en frente de mi mesa. La que hace más tiempo que está ahí es una frase de Mike Tyson. Sí, lo sé, no es precisamente la primera persona que acude a la mente cuando buscas inspiración para vivir… pero es que de todo el mundo se aprende algo. Aunque sea lo que no hay que hacer en la vida. En fin, la frase de Tyson es “Todo el mundo tiene un plan… hasta que le sueltas la primera hostia”.

No recuerdo que me hayan dado nunca una hostia de las físicas. Mi abuela, cuando yo era pequeña, sí me pegó unas cuantas veces, pero esas no cuentan. De mayor, nadie me ha pegado una hostia física. De las otras sí me han soltado bastantes. He recibido hostias no físicas que me han dejado p’allá total. Hostias de esas que te hacen ver lucecitas y no saber ni dónde estás ni quién eres ni nada de nada. Te dejan atontada perdida y ahí ya vas tu y te espabilas.

Recuerdo que cuando empecé a aprender a esquiar, el monitor se pasó las dos horas de clase de ese día enseñándonos a caer y yo pensé, todo el rato, que lo que yo quería era aprender a esquiar para no caerme porque en la vida tu intentas no caerte. Tu vas por la calle andando y tropiezas o resbalas y lo que haces es mover los brazos o lo que sea para intentar no caerte. Al final el monitor consiguió hacerme entender por qué cuando esquías es todo lo contrario. Si por lo que fuera, te parece que te vas a caer, lo mejor es dejarse caer y dejarse caer de lado, porque si no te puedes hacer mucho daño y además así intentas impedir que se te suelten los esquís, con lo que es más fácil levantarse después.

Me ha costado mucho pero ahora ya sé que en la vida lo más importante también es aprender a caerse bien, para evitar daños mayores y para que sea más fácil levantarse después. Con lo de las hostias es lo mismo. O aprendes a recibir hostias y a recuperarte rápido después, o lo tienes crudo.

Este año, por suerte, no he recibido muchas hostias y las que he recibido eran más bien flojitas y en sitios que no eran vitales. Pero aunque hubieran sido hostias de esas que te llevan al hospital, puedo decir con orgullo, que soy una experta en recomponerme, a mi y a mis planes, de las hostias. Tengo un arte que no veas.

Mi estrategia es la siguiente: primero lloro porque duele; después me digo que lo “normal” es recibir hostias de vez en cuando, porque así no me siento rara, que lo de sentirse raro no ayuda. Lo siguiente es levantarse rápido y revisar daños, después viene avisar a todo el mundo de que te han pegado una hostia para que estén atentos a las secuelas, si las hubiera, y para que te echen una mano. Después hay que revisar el aspecto exterior y recoger lo que se haya caído, aceptar que puedas haber perdido algo y al final de todo intentar comprender por qué has recibido una hostia.

Hay hostias que llegan por que sí, sin razón aparente. Esas no tienen solución, las vas a seguir recibiendo, así que ni caso. Pero hay otras hostias que las recibes porque estabas en el lugar y el momento equivocados o haciendo algo que no debías. Es importante que intentes no volver a estar en el lugar y el momento equivocados y que no vuelvas a hacer eso que hacías. La cosa es que la vida ya te va a soltar las hostias esas sin razón aparente, las que te tocan porque te tocan y ya está, así que es mejor que no te busques las demás.

La otra frase que tengo colgada en el corcho es del I-Ching, una especie de libro entre filosófico y predictivo chino que, a veces, da buenos consejos. La frase que tengo colgada dice: “Al que pretende saberlo todo mejor, los hombres pronto dejan de aconsejarlo”.

Este año he practicado mucho el arte de decir “No sé” en sus múltiples formas. He dicho un montón de veces cosas como “No tengo ni idea”, “No tengo opinión sobre esto” y así. Tengo que reconocer que seguramente no lo he dicho lo suficiente. Estoy segura que mi familia y mis amigos siguen pensando que soy una pedante y metomentodo que cree que todo lo sabe. Porque lo de aprender a decir “no lo sé” es un proceso largo y difícil y los cambios son demasiado sutiles para que la gente los perciba. Ellos no lo han notado pero yo sí. Mi vida es mucho mejor ahora que acepto y manifiesto que hay cosas que no sé o sobre las que no he pensado. He aprendido un montón de cosas muy interesantes y he recibido consejos y opiniones muy útiles. Y luego me ha pasado una cosa muy grande, pero grande de verdad: me llevo mucho mejor con la duda y la incertidumbre.

Lo de llevarse bien con la incertidumbre es genial para un montón de cosas. He dejado de querer controlarlo todo, porque no se puede y por lo de las hostias de más arriba, que nunca sabes cuando te van a caer. Y he preguntado mucho más y a la gente le encanta que le preguntes cosas. Así que mi vida social es mucho más intensa y divertida. Pero lo mejor es que como he preguntado mucho más también me he dado cuenta de que lo “normal” es no saber. Es cuestión de probabilidades. Si cada persona es un mundo y la realidad no existe si no que se percibe entonces lo más probable es no saber. Así que no saber es normal. Ya está. Vives con ello y de repente todo es más sencillo. Me he quitado una de presión que no veas desde que “no sé”.

La última frase que tengo colgada en el corcho es la más angustiante porque no es una afirmación, es una pregunta. Y vale que lo normal es no saber pero hay cosas que es mejor saberlas por que si no vas dando tumbos por la vida y tampoco es eso. La última frase y la más importante, de hecho, es: ¿En qué clase de persona tendré que convertirme para alcanzar todo lo que deseo?

No sé de donde la saqué y tengo que reconocer que la frase suena a eso de la autoayuda que no veas. Tiene un tonito así a Coelho que da grima pero a mí me ha ayudado mucho a pensar y entre lo de las hostias y lo de no saber, a mi ya me da igual todo y si me sirve para pensar pues lo uso.

Empecemos por el final. Todo lo que deseo. No tengo ni idea de que es todo lo que deseo. Un día me levanto por la mañana y deseo una cosa y al día siguiente ya no quiero eso si no otra cosa. A veces no sé si lo que deseo, lo deseo de verdad o si es que “creo” que debería desearlo. La cosa es que como ahora me siento más cómoda con lo de la duda, y además sé que aunque desee algo, luego viene la vida y me suelta una hostia y vete tu a saber donde me deja… pues que no pienso demasiado en lo que deseo porque, total, da igual. Lo que sí tengo cada vez más claro es lo que no deseo. Tener eso claro viene de lo de intentar no estar en el lugar equivocado en el momento equivocado y haciendo lo que no debo para evitar el segundo tipo de hostias, las evitables, vaya. Así que me he conformado con no aceptar las cosas que no me gustan sabiendo que hay algunas que voy a tener que soportar con dignidad y ya está.

Sigamos con lo de alcanzar. Lo de alcanzar lo llevo mal. Y además lo llevo mal en el plano físico y en el metafórico y en el espiritual… lo llevo mal y punto. Lo llevo mal porque soy bajita. Yo, en general, por mi misma y sin ayuda, alcanzo pocas cosas. Necesito subirme a sillas, escaleras y demás. En el resto de planos, lo mismo. Si la vida me suelta una hostia de las de verdad, voy a necesitar a gente para levantarme. Yo sola no alcanzo nada de nada. Las cosas se alcanzan juntándote con gente y pidiendo ayuda. Solos, en esta vida, no somos nada. Este año he disfrutado mucho de pedir ayuda. Es algo que tenia que aprender. Pedir ayuda no significa que seas débil ni blandengue ni tonto ni nada. Pedir ayuda significa que eres lo suficientemente inteligente para saber que tu solo no eres nada y lo suficientemente fuerte para mostrar que eres débil sin romperte. Así que yo ahora no alcanzo nada yo consigo cosas con gente que, parece que no, pero es distinto.

Y llegamos al principio de la pregunta que es la parte importante: En qué clase de persona tendré que convertirme. Lo único que tengo claro en esta vida es que yo quiero ser alguien que me caiga bien a mi misma. Suena un poco egocéntrico, lo sé, pero es que, primero, no tengo ni idea de como tendría que ser para caerle bien a la gente y, segundo, creo que no hay manera de caerle bien a todo el mundo, así que para qué intentarlo. Con los años, también me he dado cuenta de algo importante, y esto es complicado de contar pero de una simplicidad absoluta, así que paciencia: cuando soy el tipo de persona que me cae bien a mí, le caigo bien al tipo de persona que me cae bien a mí. Voy a intentarlo de nuevo: Si te caes bien a ti misma, le caes mal a la gente que te cae mal a ti. No sé si ha quedado claro pero no sé decirlo mejor. Pero eso de caerse bien a una misma es bueno, porque te ahorras un montón de problemas y de gasto de energía.

A la gente que te cae bien hay que cuidarla y mimarla, prestarle atención, pasar tiempo con ella, preocuparse de ayudarles a levantarse cuando la vida les pega hostias, preguntarles cosas para aprender… Y ojo que, si te caes bien, eso te incluye a ti misma. Vas a tener que gastar energía en la gente, así que no tener alrededor gente que te caiga mal es ecológico, no malgastas energía. Y además es sostenible, y lo jodido de las cosas sostenibles es que hay que sostenerlas en el tiempo. Los sistemas sostenibles se sostienen ellos solos en el tiempo. Así que si tu gastas energía en la gente que te cae bien es porque esa gente también gasta energía en ti. Si no el sistema no se sostiene. Lo que viene a ser lo mismo que que la vida te pegue una hostia. Acabas igual de hecho mierda.

Esta última parte es la que llevo peor. A veces me caigo bien y a veces no. Así que sigue habiendo gente a mi alrededor que chupa energía sin aportar nada a cambio y luego yo no tengo energía para la gente que si aporta cosas. Hay algunas personas a las que quiero con locura y que me llenan con sus mimos y atenciones que no reciben todos los mimos y atenciones que merecen. Y en esto tengo que mejorar y mucho, aunque tampoco sé muy bien como hacerlo. Si alguien tiene ideas al respecto pues compartidlas porque voy un poco perdida.

Lo llevo bien, lo de ir perdida, no os preocupéis, que yo eso de la duda lo tengo bastante controlado o no, no lo sé. Pero da igual porque yo soy una mujer con suerte. Eso sí lo sé. No tengo ni idea de cómo pero he conseguido juntarme con gente que me quiere un montón. No son muchos pero son enormes. Son gente enorme y muy especial que comparte conmigo su infinita sabiduría, sus muy mimosos mimos, y sus dudas existenciales que me ayudan a pensar. Y cuando la vida me pega hostias, de las evitables y de las que no, están ahí para ayudarme a levantarme.

Hoy es el último día de un año que ha sido muchísimo mejor que el anterior que ya fue extraordinariamente mejor que el anterior que fue superlativamente mejor que el anterior. Y siento mucho haber escrito este pedazo de cosa que casi nadie va a leer hasta el final pero es que estoy contenta y cuando estoy contenta hablo mucho y también escribo mucho. Y a mi me gusta ser así, así que los pocos que leáis hasta el final vais a ser de la gente que me gusta a mí, y si no pues da igual.

Feliz vida, gente. Y si no es feliz todo el rato, no os preocupéis que eso es lo normal o no, no lo sé.

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