La verdad

La verdadÚltimamente me estoy dando de bruces constantemente con gente que tiene la verdad. O eso creen ellos.

El otro día una alumna decidió hacer una presentación en clase sobre las auras. Cuando le pregunté sobre qué aspecto de las auras quería hablar, me dijo que quería hablar sobre “la verdad” de las auras. Ella no tiene la culpa pero ese día, en ese momento, se me acumularon todas “las verdades” que alguien me ha querido vender y le dije “La verdad de las auras no existe, así que deja de buscarla, pierdes el tiempo”. Se le puso cara de dolor porque se lo dije con cara de cabreo mayúsculo. Pero mi alumna es una chica muy inteligente y curiosa que se interesa por casi todo y consigue nuevas ideas y opiniones cada día y además le gusta discutir, así que se sobrepuso rápido.

Ella construye su mundo ahora, justo empieza, se está dibujando a ella misma. A ella, que solo tiene 16 años, debería haberle dejado usar la palabra verdad porque ahora la necesita. Pero como ella es como es tuvimos una discusión muy interesante sobre datos y ciencia y realidad y verdad. Hasta que acabamos coincidiendo en que podía hablar de la “verdad potencial” de las auras, siendo potencial la palabra importante, y aceptando que las verdades potenciales son cosas buenas que nos ayudan a descubrir la realidad  o no, a través del estudio y de la información. Acabamos aceptando que las verdades potenciales son creencias que nos pueden ayudar a investigar y descubrir. Y que aceptando el hecho de que lo que llamamos verdad en realidad no son más que creencias cada cual puede tener las suyas.

A mi alumna de 16 años voy a dejarle pasar el uso de la palabra verdad. A los adultos no.

Una de las conversaciones permanentes que pululan por ahí va sobre qué y cómo debe ser una mujer. Me cansa infinitamente esta conversación. Como si pudiera serse “mujer”, así en genérico. No se puede ser mujer en genérico. Una es siempre “una” mujer. Cada cual la suya y como puede. Pero todo el mundo tiene la verdad sobre eso. Mujer, madre, esposa, hija, profesional, hermana, amiga… una tiene que ser todas esas cosas o no ser. Pero es que además, no puedes ser cualquier clase de mujer o de madre o de esposa o de vete tu a saber qué. Cada cual tiene la verdad absoluta sobre qué y cómo debe ser una madre o una esposa o un lo que sea. Y todos, la gente de a pie y la gente de la política y la de los medios y la de las empresas, creen poder dar su opinión sobre tu vida y como haces las cosas aún cuando no se la hayas pedido. 

Estoy harta que me digan a mí y a todas las mujeres del mundo qué y cómo debe ser una mujer. Yo llevo 40 años siendo una y todavía no lo tengo claro. Así que dejadme en paz con vuestros memes sacados de Facebook, vuestros titulares torticeros y vuestros medio discursos de tres al cuarto y los anuncios y las películas y todo lo demás.

Y ya puestos, a parte de dejar de hablar de eso de ser mujer como si fuera un absoluto, dejad de hablar también de todo lo demás como si fuera un absoluto: de los refugiados, de política, del proceso catalán, de comida y de todo. En serio. Si queréis hablar de algo, primero pensad, y ya luego, cuando hayáis pensado mucho, si acaso, vamos y tomamos un café. Antes no, por favor, que me aburro.

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