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Cosas que aprendí en 2013

El 2013 no ha sido un buen año. No lo ha sido en general y no lo ha sido para mí. Miento. Vale que en 2013 me han pasado cosas de mierda pero he aprendido unas cuantas cosas muy importantes y eso es bueno. Sigue leyendo

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La perspectiva

Ayer aprendí de donde sale el equilibrio ese emocional que la gente va buscando por todas partes. No me había dado cuenta pero tengo un amigo equilibrado emocionalmente. Yo no lo soy. Yo soy más de subidón y de bajón. Ayer él decía que a veces le gustaría poder sentir eso que sentimos los de subidón y bajón, porque, a veces, tiene la sensación que no disfruta tanto como debería de las cosas.

Lo primero que le solté es que entiendo perfectamente que piense que los subidones son algo bueno pero que también debería tener en cuenta que los bajones son algo malo. Si tienes subidones, vas a tener bajones. Y los bajones son chungos. Nadie los quiere. De hecho, yo llevo media vida intentando quitármelos de encima. Y cuanto más me acerco a quitarme los bajones, a controlarlos, a hacerlos menos bajones, menos subidones tengo, menos intensos son los que tengo. Y sí, los extraño un poco, pero me consuelo con la menor intensidad de los bajones.

Intentando explicarle que está muy bien ser como es él y que ya me gustaría a mí sentir como siente él, así en plan pausado, le dije que lo de mis subidones y bajones tenía que ver con mi ego. Tenía que ver con que, sea lo que sea lo que pasa fuera, mi ego cree que lo he hecho yo, que tiene que ver conmigo. Si me tocara la lotería la parte importante no sería la lotería, sería que a MÍ me ha tocado la lotería (el ego habla en mayúsculas). Si no tengo un duro la parte importante no es que no tenga un duro, la parte importante es que YO no lo tengo. Le expliqué que los de los subidones y bajones lo vemos todo como por un agujerito que solo nos deja ver una parte concreta de la cosa, puede ser la parte más buena o la parte más mala, pero es una parte pequeñita. Y entonces lo dije: “Tú, en cambio, tienes perspectiva, no ves solo esa parte pequeñita que veo yo, tu ves más partes. Y lo que tu ves se parece mucho más a la verdad que lo que veo yo. En lo que tu ves hay matices, hay circunstancias, hay partes buenas de lo malo y partes malas de lo bueno.”

Y fue acabar de decirlo y darme cuenta de que era la primera vez que lo pensaba. Creo que puse cara de haber descubierto la luna porque hasta él se dio cuenta de que había pasado algo. Claro que se habría dado cuenta igual porque, como todavía soy de subidones, tuve uno por haberme dado cuenta de algo tan evidente como eso.

PS: Joder con mi ego, está por todas partes, hasta cuando intento explicar que es malo. Si fui capaz de darme cuenta de lo de la perspectiva es porque la tenía delante. No fui yo, fue mi amigo el equilibrado el que hizo evidente la perspectiva.

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Los días

Hay días norte, días sur, días este, y días oeste y luego hay días desubicados y descontrolados.

Un día norte se caracteriza por la rigidez, por las normas y obligaciones, por hacer lo que debes. Son esos días que cuando los acabas sientes que has hecho y conseguido mucho y estás cansado y, a veces, tambíén feliz.

Los días este son los días en que empiezan las cosas y todo parece nuevo, inicial. Son los días en que descubres lugares nuevos, conoces a personas distintas, es todo como intrigante y virginal. Esos días te sientes joven e inocente y todo lo que ocurra será bueno, necesario y sorprendente.

Los días oeste están llenos de “fines”, en inglés “The ends”. En esos días, a cada rato, en tu cabeza aparece la imagen del final de las películas de Tarzan, en blanco y negro y con letras grandes: The End. Hay The ends felices y The ends tristes, pero si lo haces bien puedes sentirlos tambíén como un inicio, pero eso ya con la práctica. Esos días parece que todo se acaba y el cuerpo, la cabeza y el estómago se llenan de vacío, que es distinto a la nada.

Los días desubicados son muy divertidos y excitantes. Igual empieza algo, que lo controlas todo, que se acaba algo, que descubres cosas nuevas. Esos días son esquizofrénicos o tienen múltiple personalidad, no sé, no estoy muy puesta en enfermedades mentales, pero los días desubicados son desquiciados y desquiciantes. La parte buena es que todo ese descontrol y excitación recarga las pilas. Esos días requieren de una fiesta en toda regla para poder dormir por la noche. O agotas las pilas o no hay manera.

Y luego están los días sur. Esos me encantan. Son escasos. Uno no puede buscarlos. Los días sur te encuentran a tí. En los días sur todo fluye, todo va, todo es cálido y musical, es colorido y sensual. En esos días uno no se encuentra. Los días sur requieren que tu yo, tu ego o lo que sea, desaparezca. Solo está tu esencia, la natural, la que eres cuando no intentas ser, la que eres por defecto. En esos días alguien, que no eres exactamente tú, toma las riendas de tu vida y hace cosas por ti que tu no harias por nadie pero que deseabas hacer desde el principio de los tiempos. Los días sur secuestran tu voluntad y tu raciocinio. Los días sur son los del corazón y del estómago.

Ah! Los días sur! Recuerdo casi todos los días sur de mi vida. Son determinantes y definitorios. Siempre queda algo importante después de un día sur. Mi último día sur fue un jueves.

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