Lo que pasa en el bar se queda en el bar

el-barBares hay un montón pero los buenos bares son escasos. Si encuentras uno o dos buenos bares a los que puedas llamar “Mi Bar” o “El Bar”, así, en mayúsculas, deberías sentirte profundamente afortunado.

Un buen bar, evidentemente, necesita buenos camareros y camareras. Los buenos bares no lo son por donde están ni por lo que sirven si no por quién está ahí. Un buen camarero o camarera te puede servir un carajillo requemado de Soberano y hacerte la persona más feliz del mundo al mismo tiempo. Uno malo te va servir un gintónic de esos modernos y te va a hacer sentir miserable. Lo que te cobran por un gintónic moderno no ayuda, pero no es la peor parte.

Otra cosa que necesita un buen bar es oscuridad. Y no quiero decir oscuridad literal, o sea, falta de luz, sino esa cualidad sensorial y sensitiva que hace que tengas que aguzar sentidos que no sean la vista y usar la parte oscura de tu yo para ver. Vivimos permanentemente engañados por la luz. Creemos que si hay luz vemos bien y lo vemos todo. Pero no. Cuando no hay luz vemos mejor y vemos cosas distintas. Esta capacidad requiere práctica. Se tiene que ir a muchos bares y muy a menudo par ver lo que hay de verdad cuando está oscuro.

Es esa oscuridad de los buenos bares lo que permite que en ellos sucedan cosas, se hagan cosas y se digan cosas que solo suceden, se hacen y se dicen en El Bar. Para que la vida sea digna de ser vivida y pueda tener ese nombre es imprescindible que haya ese tipo de cosas. Pero esas cosas solo pueden y deben existir en El Bar. Las cosas de El Bar no tienen consecuencias, no existen fuera de ese lugar-tiempo que es El Bar.

En El Bar hay instantes de romance y pasión. Miradas, suspiros, gestos y caricias que solo son posibles ahí dentro. Son instantes de una belleza soberbia y absolutamente necesaria. Porque esos instantes de romance y pasión hacen que la vida de una se parezca a una novela. Y los que leemos novelas sabemos que para disfrutarlas lo primero es firmar el acuerdo ese que dice que te lo vas a creer todo porque sí. Porque está escrito. Cuando lees no-ficción no firmas ese acuerdo. Es más, para leer bien no-ficción no debes firmar ese acuerdo. Va en contra de la naturaleza misma de la no-ficción.

La diferencia que hay entre la novela y el ensayo es la que hay entre la oscuridad de los buenos bares y la luz de afuera, cuando crees que lo ves todo y bien. Yo, siempre he sido más de novela.

 

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Vida

historiasSomos lo que somos por lo que hemos vivido. Y lo que hemos vivido es más lo que recordamos haber vivido y como nos lo contamos a nosotros mismos y a los demás, que lo que nos ha pasado o hemos hecho en realidad.

La verdad es que somos como seres inventados, por nosotros mismos. Nuestra historia, es nuestra porque la creamos nosotros cuando la pensamos y la recordamos, mucho más que cuando la vivimos.

Yo me di cuenta de eso hace un mes cuando tuve la oportunidad de revivir con alguien recuerdos de hace más de 20 años. Lo que yo creo que pasó y lo que la otra persona cree que pasó eran dos cosas distintas, parecidas, pero distintas. Y la pregunta que me hice y me sigo haciendo es qué clase de persona sería hoy si en vez de recordar a mí manera lo que vivimos él y yo, lo hubiera recordado a la suya.

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Dos dies

dos diesAvui tinc dos dies més de vida dels que tenia el meu pare quan es va morir. I en aquests dos dies he pensat un munt de coses.

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Tradicions obsoletes

llums de neóUna vegada, va llegir, no recorda on, que si una tradició ha sobreviscut no se sap quants anys deu ser perquè alguna cosa bona té. I recorda que quan ho va llegir va pensar que una mica veritat era. La qüestió és que amb el temps la mica aquesta de veritat se li ha anat fent cada vegada més petita.
El dia que va llegir-ho devia estar molt cansada i no li va sortir de pensar per què.
Dins el seu cap hi ha “perquès?” enormes tota l’estona. Si tanca els ulls a vegades els hi veu allà posats en cartells lluminosos, fent pampallugues, de colors diferents i amb tipografies diferents, flotant.

Tota l’estona. Sempre.

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Pissarra de guixos

pissarra de guixosHauria de canviar de roba. És d’anar de negre, ella. Per qüestions pràctiques. El negre combina amb tot, no ha de pensar gaire de bon matí què es posa o es deixa de posar. El problema és que també és de pissarres de les d’abans, de les d’escriure amb guix.

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